A la hoguera con ellos, malditos privilegiados...
La ley sentenciaba que, «el controlador aéreo, se le llevará y será conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano. Después, en dicha carreta, a la plaza de Grève, y sobre un cadalso que allí habrá sido levantado [deberán serle] atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas… Sobre las partes atenaceadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiente, ...