Por Alexander Cockburn (CounterPunch). Traducido por S. Seguí
Las ondas radiales de Estados Unidos se estremecen con el griterío de asesinos de salón que aúllan pidiendo la cabeza de Julián Assange. Jonah Goldberg, colaborador de National Review, se pregunta en su columna sindicada: “¿Por qué no estrangularon a Assange en una habitación de hotel hace años?” Sarah Palin quiere que lo aprehendan y lo lleven ante el juez, y afirma: “Es un agente antiamericano con las manos manchadas de sangre.”
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