RACISMO EN LA COMISARIA DE LES CORTS

mossos_mani

19 de enero del 2007. Comisaría de Les Corts. Barcelona.

Este día tanto yo como un numeroso grupo de detenidos que habíamos permanecido allí durante más de dos días sin que nos dieran ni un mísero bocadillo( o por lo menos yo no probé bocado), por lo que estoy casi seguro que ningunx de lxs otrxs comieron nada, tan solo dos vasos de agua en todo ese tiempo. Nos habían despertado temprano, si es que allí se podía dormir si no era puestísimx de cualquier tipo de droga legal o ilegal a causa de los gritos a los que eran infligidos a un sin fin de personas que no llegué a conocer hasta prácticamente ese momento en que nos disponíamos poco a poco a Salir de esos calabozos para encerrarnos en los de los juzgados de Barcelona, donde aunque parezca mentira la mayoría de la gente agradeció poder sentarse en esos nauseabundos habitáculos llenos de mierda.
Durante las dos noches que permanecí allí se escucharon todo tipo de gritos en los que se diferenciaban perfectamente quién era el policía y quién era el detenido; por lo que también se sabía quién era el golpeador/a y quién el/la golpeadx. Por alguna razón que es bastante clara de identificar era fácil reconocer que por lo común no entendí nada de lo que decían lxs golpeadxs, por lo que se interpreta que aquellxs que pasaban la mayor parte del tiempo gritando de dolor eran inmigrantes y lo que al final resultó fue que la mayoría eran
africanos.
Mientras esperábamos a ser trasladados en nuestra celda un compañero chileno y yo, vino un policía a buscarnos uno por uno, a esposarnos y nos condujo a la salita que hay a la salida o entrada de dichos calabozos, en la que existe una mesita donde están sentadxs dos maderxs haciendo el recuento de nombres y pertenencias de lxs detenidxs. Por desgracia, a causa de la fatiga en que me encontraba en ese momento debido al cansancio, a los nervios sufridos durante el interrogatorio al que fui expuesto dos días antes, el hambre y la deshidratación, no recuerdo exactamente todos los detalles de la situación que quiero relatar. Pero un sentimiento que sentí, sí recuerdo y recordaré siempre, el odio hacia cualquier tipo de autoridad y sobre cualquier otra cosa del mundo: el Odio a la policía.
Pues si no recuerdo mal, allí nos encontrábamos cinco detenidos y seis policías esperando para meternos en los furgones para llevarnos a los juzgados. Como estaban aburridos y la situación era un silencio bochornosamente incomodo; cómo no, uno de lxs policías se decidió a amenizar la fiesta y a cortar el hielo cómo se diría irónicamente. Éste, el cual muy a pesar mío no recuerdo nada de su fisonomía, empezó a lanzarle insultos e improperios a un joven de color al que seguramente habían despertado de su casa o de donde fuera para meterlo ahí dentro, ya que a parte de unas zapatillas de piscina, vestía un pijama completamente rosa, por lo que lxs policías decidieron llamarle: “Pantera Rosa”. Este pobre individuo sangraba por un pómulo y una
ceja; y su faz reflejaba un miedo que creo que no había visto hasta entonces. El policía le decía: -¿Qué haces vestido así, pantera rosa?-;-pero,¿Habéis visto que pinta lleva?, vienen aquí y no saben hacer nada más que esto…-, y junto con otras cosas que repetía una y otra vez, terminando cada frase con una bofetada en la cara
del pobre chico que en su fugaz intento de salvarse de ellas se giraba un poco hacia el lado ya que iba esposado en las espaldas cómo todos nosotros y intentaba hacerles una mueca de sonrisa que reflejaba en verdad la tristeza de alguien que ni entiende lo que le están diciendo, ni por qué le están pegando.
Al no contestar ni una palabra, el policía se ensañaba más con sus insultos de: -Negro de mierda,
pantera rosa, contéstame que te estoy hablando…- y muchas otras vejaciones que no recuerdo, eso sí, a
las que daba fin con una solemne bofetada. Seguido de todo esto, sus compañerxs que estaban aburridxs, empezaron a reírse también del chico mientras intentaban hacer crecer el ego de sus asquerosas vidas insultándole y zarandeándolo para que cayera al suelo. Esto duró apenas cinco o diez minutos, pero a mí me pareció una eternidad, y la cara del joven (que por mi incultura no puedo reconocer exactamente de donde era), es lo que realmente me hubiera gustado representar en el papel.
Varias veces he visto y sufrido la prepotencia y el descaro de la policía hacia la gente, pero talzona de custodia ensañamiento al que fui testigo en esos instantes no lo había visto nunca. El papel que representaba ese malnacido abatiendo el alma de esa persona que no tenía posibilidad alguna de ser defendido o de defenderse, golpeándolo e insultándole en un sinsentido de palabras y reflejos que dicen muy claramente la categoría o clase de persona que es.
El gusto que le daba a ese cabrón meterse con aquel chico sin otro motivo que un pijama rosa y una piel oscura, es para mí imposible de describir, pero tampoco lo es el odio que le tengo yo a él. No recuerdo si el chico lloraba o no, creo que no lo hacía, pero da igual. A lo mejor no recuerdo su cara, pero sí su expresión de tristeza. No existía ningún motivo para hacerle lo que le estaban haciendo, no era alguien que violentaba la situación, no había razón para aquello. Ese policía no era ninguna persona, no actuaba cómo tal, no merecía llamarse persona. No tengo ni idea de el por qué necesitaba hacerle eso a ese chico, no sé que le pasaba por la cabeza, ni me importa. Lo único que me importa es lo que hizo, y que muchxs otrxs de su especie lo han hecho y lo hacen con total impunidad al igual que lo hizo él.
Esto no debe ser así. Hay que actuar contra ellxs. Con el tiempo no recuerdo apenas nada de ello, ni siquiera todo lo que me pasó por la cabeza. No recuerdo si estuve callado por miedo, o por desfallecimiento, o por rabia o tristeza. O quizás aquel no era el momento. Mi situación psicológica era penosa a raíz del trato que se me había ofrecido en otra comisaría frente a unxs individuxs que no dejaron que les viera las caras para interrogarme, y teniendo en cuenta que en el momento en que me trasladaran a los juzgados, pocas eran las esperanzas que me llevaran a la calle con mis compañerxs y familiares, sino por el contrario estaba seguro que en unas horas me bautizaría en el sistema carcelario.
No soy una persona con mucha labia, pero sí sé actuar, al igual que hace mucha otra gente. Cuando somos testigos de estas situaciones debemos denunciarlo, o contarlo, o por lo menos no olvidarlo nunca. Creo que eso nos hará más fuertes para seguir creyendo en todo lo que nos hace ser personas y en odiar cada día un poco más a ese ser encargado de destruir nuestros sueños.

SI ESA ES SU JUSTICIA, DEBEREMOS BUSCAR NUESTRA PAZ

——————————————————— MALOS TRATOS DE LOS MOSSOS

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