
Lo dije alto y claro durante la fiesta popular que se celebró en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) el pasado 31 de Julio, como homenaje a la Revolución cubana y recuerdo de la gesta del asalto al cuartel Moncada. No podremos ganar una sola batalla, ni una reivindicación política o social, si no revolucionamos nuestra forma de vivir, adoptando decisiones que afectan a una actitud personal enquistada en unas costumbres insostenibles. Entre ellas, la compra periódica de panfletos ajenos por completo a la verdad. “El País” lo lleva demostrando largamente.
Una persona de izquierda debe abandonar esa manía de gastar, siquiera un euro, cuando adquiere prensa que sabemos únicamente va a encender el motor de nuestra indignación. Somos ya testigos de un hecho palmario: las webs alternativas no producen noticias, sino que se limitan a contestar e intentar, casi inútilmente, contrarrestar y desmentir los miles de bulos y manipulaciones de aquellos medios que, para colmo, se sostienen en buena parte con el dinero de una militancia que dice combatir el capitalismo. La cultura también es negarse a caer en los brazos de un Morfeo mediático, a menos que estemos colgados del Sudoku.
Oigan, compañeros, se puede vivir con la conciencia más tranquila y la cabeza mejor informada, suscribiéndose a Gara, Diagonal y Le Monde Diplomatique. Y aún más claro. Dejando de una vez por todas, esa insana costumbre (que se ha hecho ley en miles de casos) de comprar diarios que incumplen el 90% de los postulados por los que se debe regir un medio de expresión. El resultado lo vemos cada vez que abrimos una web alternativa, en la que un elevado porcentaje de las colaboraciones (incluida la personal) no son, como indiqué más arriba, sino respuestas a aquellos que nos niegan la inclusión de nuestros comentarios y réplicas en sus poderosas plataformas de propaganda.
Ya hablaremos de una huelga que nadie plantea hoy: la fiscal. Cuando contemplamos cómo Hacienda, solapada tras las leyes de privatización que caen anualmente como vendavales silentes, sigue exigiéndonos una declaración de renta puntual y precisa, cuyo monto (en caso de pago) va a destinarse a decenas de empresas que no son precisamente de servicio público, mi obligación como ciudadano es negarme en redondo a que ese dinero vaya a parar a las manos de un Botín, una Koplowitz, un Cortina, un Amusátegui o un Díez Ferrán. El gobierno no soportaría un millón de expedientes de impago a sus arcas, vacías hoy por la usura y desenfreno de los banqueros y dueños de monopolios.
Cuando la prensa se ha convertido en un inmenso editorial que fustiga y criminaliza todo atisbo de movimiento revolucionario, que sigue sembrando mentiras y manipulaciones sin tino; cuando las radios y las televisiones siguen en poder de esas mismas familias; cuando los escasos medios de comunicación públicos están en manos privadas (RTVE); cuando la enseñanza y la sanidad atraviesan un desierto, en el que el agua se halla también en poder de manos privadas; cuando nos golpean en la calle por manifestar nuestras reivindicaciones, cuando los multan por lanzar verdades; cuando la violencia del estado cae en forma de prohibiciones y leyes aberrantes; cuando se trabaja por la tortura y se veta el habeas corpus, cuando un Rey se ríe de quienes condenan a Franco y pide al fantasma del apóstol Santiago que “ayude a España”, cuando ese monarca obtiene un salario de 9 millones de los euros que salen de nuestros impuestos; entonces, me siento al teclado y lo denuncio una y mil veces. Huelga general, ya mismo. Huelga fiscal cuando ustedes decidan.
Será un largo y cálido verano, al que seguirá un otoño caliente, prólogo de un crudo invierno que pocos auguran como sereno. Compañeros: comencemos por revolucionarnos nosotros mismos, para contagiar al vecino, al cuñado y al concejal. Sólo así podríamos iniciar un largo camino hacia el logro de una izquierda potente, coherente y eficaz.
Fuente: www.kaosenlared.net






